Mi pequeña aportación al Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer

 

Hoy se celebra el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Ojalá pudiéramos celebrarlo por todo lo alto, porque eso significaría que hemos acabado con esta enfermedad social.

 

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Cuando trabajé en la Delegación de Gobierno viví de cerca el drama porque en el despacho contiguo se trataban estos temas y pude tener largas conversaciones con su responsable, hoy día gran amiga mía. Siempre me habían dolido las agresiones en el ámbito doméstico, como persona cívica que intento ser y sobre todo como mujer; sin embargo, desde que tuve plena conciencia de lo que era realmente la violencia machista, lo siento más cercano, más real. Porque puede estar pasando en la casa de al lado, a una amiga, a un familiar… Cada víctima desconocida me duele como si fuera mi hermana.

Manuela, la protagonista de Corazón de acantilado es una mujer maltratada que decide, con mucha valentía, tomar las riendas de su vida. Manuela, sin saber por qué, llamó un día a la puerta de mi imaginación para que contara su historia.

Antes, siempre que veía en la televisión una nueva víctima de violencia contra la mujer me preguntaba incrédula: ¿cómo no ha denunciado? ¿cómo no se marcha? ¿cómo no le da con la puerta en las narices a ese maldito cabrón?

Tras conocer a Manuela y pasar con ella unas cuantas páginas lo entendí todo. No es tan fácil; los hijos, el miedo, la soledad, la indefensión… y otros muchos factores evitan que las mujeres tomen la determinación que tomó Manuela. Y Manuela lo hizo porque casi muere a manos de un auténtico monstruo.

Manuela, es un personaje inventado que podía ser perfectamente real. Ella tuvo suerte, pero otras no tienen tanta. Aunque la intención al escribir Corazón de acantilado no era tanto denunciar la violencia de género, sino contar una historia entretenida, aprovecho la ocasión para reivindicar la necesidad imperiosa de involucrarnos todos y cada uno de nosotros en el asunto. ¿Cómo? Partiendo de la educación en el respeto y la igualdad a nuestros hijos e hijas. Y recordemos que la educación es también dar ejemplo con el propio comportamiento.

Y sirva también mi novela, mi pequeño granito de arena, para transmitir un mensaje de esperanza a aquellas que todavía hoy –sí, hoy en día–, siguen sufriendo la violencia en el seno de su propia familia.