¿Qué mejor que unos microcuentos para celebrar la Navidad y la entrada en el año nuevo?:
El niño de los harapos no entendía por qué, si tan magos eran, no podían traer los mismos juguetes a niños pobres que a ricos.
Colgó una bola por cada corazón que había roto. El árbol de navidad quedó exuberante.
La abuela inyectó al pavo un potente somnífero. Todos durmieron sobre la mesa de Navidad. Al fin pudo cantar villancicos.
Ese año los niños se habían portado muy mal. Los Reyes Magos, en lugar de traerles carbón, se llevaron a sus papás.
Por más años que cumpliera, le seguía haciendo una gran ilusión que cada Navidad familias de todo el mundo se reunieran para celebrar su cumpleaños. Y ya iban 2015.
¡Feliz Navidad amigos!!! ¡Y que el nuevo año os sonría!
Cristina Selva



…un telescopio
Mientras le lanzaba piedras y palos al mango que estaba en el centro del oscuro solar,en medio de la noche fría y llena de punticos de luz como los del techo de su cuarto, se quedo contemplando las estrellas, y decidió qué le pediría al Niño Jesús ese año.
Llegó el 24. Y como todos los años, se dijo y se prometió,firmemente, que este año sí lo esperaría despierto para descubrir quién era realmente el Niño Jesús.Sin embargo, siempre se quedaba dormido en la salita y amanecía en su cuarto. E inmediatamente, se asomaba debajo de la cama y encontraba lo que le había pedido,que, invariablemente, siempre era un arrito de madera con las ruedas de chapas.
Pero este diciembre,la pequeña radio que un día su papá le había traído a su mamá, único objeto de lujo en el miserable rancho, lo distrajo y le hizo cumplir su promesa.
La madre, que se había quedado dormida, rendida por el cansancio, se despertó sobresaltada por el llanto de su hijo. Se incorporó, se dirigió hasta el rincón donde estaba el niño chorreando lágrimas que se confundían con el jugo amarillo del mango, y le preguntó: «¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?» Y el muchacho, que con una mano se estrujaba un ojo,le señaló con la otra, donde tenía una fruta a medio comer,la radio. Y le dijo llorando: «¡Que mataron al Niño Jesús!» En el momento en que el rostro de la mujer se iluminó, como la superficie de un pozo cuando la toca cualquier partícula,con una sonrisa que desapareció apenas esbozada,como las ondas del pozo al llegar a la orilla,el locutor dijo: «¡La hora en su emisora feliz: la una y treinta dela madrugada…! Repetimos la información anterior:Hace pocos momentos fue muerto a balazos un hombre en el interior de una tienda. El desconocido no portaba documentación alguna.Solamente se encontró, en uno de sus bolsillos,una carta donde se le pide al Niño Jesús un telescopio… ¡La hora en su emisora feliz la una y…!».
Del pecho de la mujer brotó un quejido corto y frágil,como si fuera el último que le quedara dentro, y cayó. Produciendo ese ruido opaco y odioso, como el de las frutas maduras al estrellarse contra la tierra húmeda del solar.
Pedro Querales. Del libro «Fábulas urbanas»
Muy buen articulo, muy recomendable! Un cordial saludo.
Muchas gracias Gran aporte. Reciba un cordial saludo!
Esta genial el aporte. Saludos. Hasta la proxima!
Esta genial el aporte. Gracias por compartirlo. 😉
Gracias por tu aportacion. Un cordial saludo. Gracias!